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jueves, marzo 23, 2017

EL DERECHO A LA CIUDAD


El problema más grave de los países latinoamericanos es el de la inequidad y su consecuencia más nefasta la marginalidad. Las ciudades son espacios donde estas dos realidades en contravía de los imaginarios utópicos establecidos, se confrontan con una crueldad sin precedentes, tristemente ya no conmueven a nadie, son parte del paisaje natural de nuestras rutinas: opulencia y pobreza perviven en un mismo espacio,  en unas tensiones permanentes, sin solución cercana. La violencia en Colombia, en un conflicto de más de cincuenta años, ha producido emigraciones y cordones de pobreza, collares que cuelgan en los extremos de las ciudades, reflejan de alguna manera las consecuencias de un conflicto que apenas empezamos a resolver, sumado a otras variables sociales aun más difíciles de explicar.  
Las relaciones entre conflicto y marginalidad han dado para discusiones teóricas de carácter académico harto conocidas. Pero la realidad cruda, muestra sus llagas sin que nada pase. En Medellín Colombia, 107 personas, 25 familias, 37 niños, viven asentadas sobre la quebrada Iguana, al frente de la universidad nacional de Medellín, desplazadas por la violencia desde hace más de cinco años. Viven entre una zona comercial muy importante y fuerte, un barrio de clase media alta y la propia universidad, asentados en la ribera de la canalización en unas casas de madera expuesta a los mayores peligros en estos días de invierno y lluvias perpetuas. “El derecho a la ciudad, definido por Henri Lefebvre en 1967 como el derecho de los habitantes urbanos a construir, decidir y crear la ciudad”, constituye el marco cotidiano que pervive en medio de procesos no resueltos, no definidos y que pese a los esfuerzos para generar procesos de inclusión, se caracterizan por la indiferencia social, que se volvió el pan de cada día, como el caso típico de estas personas.
La alcaldía de Medellín, que se caracteriza por su diligencia, en este caso especifico, ha sido negligente, indiferente y cruel. No ha entendió nunca el problema central de estas gentes, no es otro que la re-ubicación, el derecho a una vivienda digna y la necesidad de ser atendidos con toda la fuerza y la capacidad del estado al respecto, son desplazados, violentados, su situación es producto de presiones sociales muy fuertes. He decidido liderar y presentar una acción popular, un instrumento jurídico idóneo para ese tipo de situaciones, busco poner en manos del poder judicial este caso, para obtener soluciones sustanciales. Cuando me presentaron el caso, quede impertérrito ante esta situación, nunca imagine tal panorama, la mayoría de las veces nos encerramos en urnas de cristal sin saber que pasa a nuestro lado. Recordé, hablando con sus moradores, los análisis del peruano Fernando De Soto, experto en estas economías, sobre la capacidad de la gente marginada para salir de sus problemas coyunturales y de diario. Descubrí hasta donde llega la economía del rebusque de estas gentes, su capacidad para no dejarse avasallar por tanta tragedia junta, su inteligencia para ir rasguñándole a la institucionalidad sus derechos y como al final, sólo buscan una inclusión que se les niega  todos los días. Pese a todo sobreviven, tienen valores, atienden y educan a sus hijos y permanecen día a día en pie de lucha tratando de hacer valer sus derechos. La alcaldía de Medellín decidió desalojarlos sin solucionarles su problema central, su reubicación, sacarlos a la calle, romperles su unidad, hasta la fecha, fuera del aviso de desalojo, no hemos visto ningún trabajo social de sensibilización, de escrutación, de evaluación, sólo una medida policiva por fuera de cualquier proceso de inclusión, de reubicación.

Hay una líder inteligente, batalladora, la señora Xyomara, carga con la totalidad de este problema, vive en esta comunidad, va de despacho en despacho gubernamental defendiéndose de los atropellos, recopila todas las leyes que les favorecen, entutela cuando lo necesita, abre espacios, habla con autoridades, recurre a la academia esperando encontrar sentido y  lucidez para su lucha,  busca soluciones por donde quiera que se vislumbren, siempre solitaria, protegiendo a una comunidad desvalida. Cuando le escucho en sus largos soliloquios, me asombró de su capacidad, se ha formado en medio de esta tragedia, conoce las leyes sustanciales que la protegen, sus derechos, corrige a los abogados que pretenden desvirtuar su lucha y sobre todo es perseverante.
La lucha por los espacios, la tierra el problema central de nuestro conflicto, atiende a una serie de miradas, que se han olvidado. “En 1990 se produce una transformación en ese sentido y las diversas disciplinas comienzan a recoger a la geografía y a los estudios del espacio; comienzan a reconocerlos y a incorporarlos en sus trabajos intransdiciplinarios […] lo que conocemos como giro espacial, entendido como un cambio ontológico, una lucha ontológica, es decir, un cambio en la manera más bien básica de ver la existencia humana, de comprenderla. Autores contemporáneos no dudan en señalar que el espacio geográfico debe leerse como el espacio construido, lugar en el cual se desarrolla la acción humana, el territorio que se ordena y gobierna, donde se manifiestan los intereses políticos y se ejerce poder, desde donde se puede interpretar el pasado y soñar la construcción de un futuro, aquel que es habitado por diversidad de grupos étnicos con dificultades y problemas sociales”. No podemos seguir viviendo con realidades como está como sí no estuvieran pasando, indiferentes. Recurdo conceptos que parecían obsoletos y es evidente que siguen vigentes: “Henri Lefebvre (1901-1991) construyó su hipótesis de trabajo sobre el derecho a la ciudad como la posibilidad y la capacidad de los habitantes urbanos y principalmente de la clase obrera, de crear y producir la ciudad”. La academia trabaja con esmero estos temas, pero ya es hora que se incorporen a la institucionalidad. Espero que se le de solución a estas comunidades.








jueves, marzo 09, 2017

LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO

Este es el título de uno de los textos de  Byung-Chul, que diagnostica la patología central que acosa la sociedad de estos tiempos. El enfoque no solamente es absolutamente lúcido, sino que constituye una radiografía de las servidumbres que nos someten desde la perspectiva de un filósofo. “la sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma: el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio. Así como la sociedad disciplinaria foucaultiana producía criminales y locos, la sociedad que ha acuñado el eslogan Yes We Can produce individuos agotados, fracasados y depresivos”.  Desde hace varios años, en plena efervescencia de la revolución de las TIC, de la globalización y la apertura, cuando gozamos de una aparente libertad de acción en todos los ámbitos, el individuo como tal, se encuentra más avasallado que nunca, desde ámbitos encubiertos con una sutiliza, los procesos de subjetivizacion del poder se imponen desde la misma interioridad del ser que crea los mecanismos de coacción que le oprimen”.
“Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea y se reiventa. Este tránsito del sujeto al proyecto va acompañada de la sensación de libertad. Pues bien, el propio proyecto se muestra como una figura de coacción, incluso como una forma eficiente de subjetivizacion y de sometimiento. El yo como proyecto, que cree haberse liberado de las coacciones externas y coerciones ajenas, se somete a coerciones internas y a coerciones propias en formas de una coacción al rendimiento y la optimización”.
Esta libertad aparente desde el poder hacer  genera más coacciones que el disciplinario deber, este último tiene limitaciones, el poder hacer no. Por ello la coacción en este tópico es ilimitada. ”La libertad es contrafigura de la coacción. La libertad que ha debe ser lo contrario de las coacciones, genera hoy más coacciones. Desde está aparente libertad nos imponemos ( O no las imponen) idealizaciones, metas, que de no consolidarse, nos frustran, sin ellas no somos; enfermedades como la depresión y el síndrome de bornout, son la expresión de una profunda crisis de la libertad. Son un signo patológico de que hoy la libertad por diferentes vías se convierte en coacción”. Después afirma categóricamente: “El sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo, es un esclavo absoluto en la medida en que sin amo alguno se explota así mismo de forma voluntaria”.
José Manuel Orozco en la red lo sintetiza magistralmente: “Cada vez hay menos sometimiento del tipo amo-esclavo en el que la lucha por el reconocimiento implicaba que el esclavo deseaba ser visto por el amo, y por eso se esforzaba buscando en el otro-amo  la mirada gratificante que correspondiera al esfuerzo. Por eso uno es amo y esclavo de sí mismo. Uno se impone las tareas, las demandas excesivas, las metas inalcanzables. Entonces uno vive para el trabajo sin necesidad de que el amo lo recuerde. La esperanza de ser reconocido se desvanece y en ocasiones ya no importa. Es como si hubiésemos introyectado al amo en cada uno de nosotros”[1].
El capitalismo voraz al que no le enfrenta ninguna alternativa, no se vislumbra un sistema que le compita, que ha generado una acumulación de capital sin precedentes, que implementó  en la psiquis un tipo de imposiciones que terminan condicionando la forma de ser (El poder es neuronal), de pensar, el sentido de realización, de sublimidad y de triunfo de las personas, hoy paradojicamente, cada trabajador se explota así mismo en su propia empresa." Cada uno es amo y esclavo en una persona. La lucha de clases se trasforma como una lucha interna consigo miso”. Todos los temores los miedos nacen de nuestra propia idealización, está introyectada con una sutiliza impresionante, nos convierte en esclavos de sí mismo, con todas las ansiedades, depresiones y frustraciones de una sociedad siempre condicionada por metas inalcanzables, lineadas a través del consumo.
“Luego, la sociedad es sumamente competitiva, cada quien ve por sí mismo. Muere la colaboración, el trabajo conjunto, el esfuerzo de hacer cosas entre todos. Hay una especie de temor disperso que remite a alguien que lo sabe todo acerca de uno. Pero no se sabe cuándo lo sabe. Tampoco quién está vigilando. Cámaras escondidas, inspección de los correos electrónicos, verificación de las páginas que se visitan en la red. Además, todos saben todo de todos en esas redes mal llamadas sociales. Se publica todo en el muro del Facebook: fotos, historias, reseñas personales. Nada se deja en secreto. Hay una muerte del misterio y, por lo mismo, se pierden los intercambios personales. Bastan unos minutos virtuales para suponer que uno se relacionó con otro. La relación es una irrelación. Esa es la positividad como negación del otro que nos niega. Velocidad, violencia, consumo, competencia, individualismo, hartazgo, silencio, pensamiento escaso, atención fugaz, desprecio por los pobres guerra sin remisión, hambre y lo que se conoce como darwinismo social (el mundo es para los más aptos, que merecen tener más que los menos aptos)”[2]. Por ello el filósofo Byun anota: “El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal”.
Los estudios de Foucault sobre la subjetivizacion del poder están más vigentes que nunca, estas lecturas de parte de un filósofo, que interpreta a cabalidad un momento donde se han perdido todas las iniciativas y estamos embarcados en un proyecto que  anuló de manera absoluta la capacidad de elegir, no hay sujeto, nos permiten confirmar que ahora más que nunca se hacen necesarios pensadores de este tipo. No veo por donde la humanidad se pueda sacudir. Las TIC, la revolución de los medios de comunicación, las redes sociales, los procesos de idealización colectivos, las series e incluso el cine son mecanismos de configuración del poder, crean paradigmas de comportamiento.








[1] José Manuel Orozco. De la sociedad del cansancio a la sociedad del aburrimiento Un estudio del pensamiento.

[2]   José Manuel Orozco. De la sociedad del cansancio a la sociedad del aburrimiento Un estudio del pensamiento.
http://biblioteca.itam.mx/estudios/111-120/113/000262710.pdf

viernes, marzo 03, 2017

LA DESMOVILIZACION DE LA FARC EN COLOMBIA


Es como de película, grandes filas de guerrilleros en unas caminatas interminables dirigiéndose a las zonas de desmovilización pactadas dentro del acuerdo de paz, están cumpliendo con un itinerario previo con rigor, van camino a su total concentración en sitios determinados, cumpliendo con la desmovilización, que es el inicio de un largo proceso de inclusión de acuerdo a una bitácora previamente determinada en el documento final de paz firmado entre la FARC y el gobierno Colombiano. Para muchos es de no creer, hasta el punto que la oposición al proceso sigue sembrando desconfianza, siempre sobre la base de que la guerrilla no cumplirá. El país según la última encuesta publicada, ni entiende, ni valora el momento histórico que vive. Incompresible sí se mira todo lo que nos dejó 50 años de conflicto armado en términos de víctimas, daños a la naturaleza, daños a la infraestructura, atraso en grandes zonas, desplazamiento y muerte a lo largo de toda la geografía. Nuestro conflicto,   trágico desde donde se le mire, era anacrónico, se alimentaba perversamente del narcotráfico y convirtió la guerra en un negocio, sin ningún sustrato ideológico, hizo que fuera interminable e inmanejable, con consecuencias nefastas para la población en materia de derechos humanos, creó repúblicas independiente, vastas zonas muertas económicamente hablando, fueron como repúblicas independientes y en ellas se dieron los peores daños que se tenga historia. Para acabar de completar este cuadro dantesco, tuvimos en Colombia muchas personas secuestradas por más de diez años en condiciones infra-humanas, algo difícil de entender en pleno siglo 21,oprobioso e inexplicable.

Recuerdo el editorial del informe “Basta Ya” que categóricamente afirmaba: “Colombia tiene una larga historia de violencia, pero también una renovada capacidad de resistencia a ella, una de cuyas más notorias manifestaciones en las últimas dos décadas ha sido la creciente movilización por la memoria. Rompiendo todos los cánones de los países en conflicto, la confrontación armada en este país discurre en paralelo con una creciente confrontación de memorias y reclamos públicos de justicia y reparación. La memoria se afincó en Colombia no como una experiencia del posconflicto, sino como factor explícito de denuncia y afirmación de diferencias. Es una respuesta militante a la cotidianidad de la guerra y al silencio que se quiso imponer sobre muchas víctimas”. Ahora, que hablamos de dejación de las armas, vemos como vive una indiferencia inexplicable, parece no entender todo lo que significó el conflicto, más cuando realmente llevamos más de un año en zonas con una paz antes nunca vista, ni menos sentida de manera real, estamos en un renacer en estos sitios, en las grandes ciudades parece no importarles estos cambios. Insisto que el gobierno no ha publicitado estos logros tan cruciales, está pagando las consecuencias de ello. Otra explicación posible, es que para una generación, esta paz confirma ciertos anacronismos históricos a los que nos estábamos acostumbrado y que para ellos constituye simplemente algo abominable sin ningún sustrato político, siente pena ajena. Éramos casi el único país en el mundo con guerrillas, el secuestro en el mundo constituye un acto absolutamente des-aprobado y casi inexistente, aquí era el pan de cada día, aún el ELN insiste en utilizar está práctica. Decía el informe citado en su editorial: “La memoria es una expresión de rebeldía frente a la violencia y la impunidad”. Cómo podremos definir esta indiferencia, la ausencia de compromiso con el momento histórico. Ahí les dejo la pregunta abierta.